Miércoles, 05 Enero 2011.
Mis ojos se encontraron con Toledo cuando nací, en el 52, frente al Paseo del Miradero.
Mi relación con la fotografía empezó allá por el año 65, cuando mi padre instaló un pequeño laboratorio en blanco y negro, en una habitación destartalada, con la intención de revelar las fotos que hacía para el periódico y que tomaba con una antigua cámara kodak Retina de 35 mm que conservo. Pero resultó que la urgencia de las noticias le llevó a seguir pidiéndolas a Foto Flores, que estaba en Zocodover y que algunos recordarán, y yo, entonces, pues me apoderé inmediatamente de la vieja ampliadora Laik y de aquél elemental laboratorio, absolutamente fascinado cuando vi, por primera vez, aparecer las imágenes en las cubetas como por arte de magia.
Aquél ambiente a la luz roja, oscuro, totalmente insalubre, sin ventilación y con un fuerte olor a ácido acético y a fijador pasado (entonces yo no sabía que el fijador se pasaba…) aquél ambiente os aseguro que no se olvida y que muchos fotógrafos, ahora en la era digital, pagaríamos para volver a vivirlo.
En aquéllos tiempos no había escuelas de fotografía, ni privadas ni públicas, por lo que todos aprendimos pues a base de meter la pata y con la ayuda de los poquísimos libros que podíamos adquirir con mucha dificultad, algunos de la editorial Omega (magníficos por otra parte) y de la editorial Daimon o aquéllos manuales titulados “Aprende fotografía en 15 días” ó “La fotografía es fácil” que lo que hacían era acomplejarte todavía más pues aquello de fácil no tenía nada.
Bien es verdad que nuestros valientes antecesores lo tuvieron aún peor, pues se tenían que fabricar las propias placas y emulsionar sus propios papeles. Entonces, por lo menos, podíamos comprar los rollos de película y el papel fotográfico ya fabricados.
Bueno, aquél veneno se apoderó de mí y con el tiempo se ha ido acrecentando de tal manera que, aunque ejerzo de aparejador en la Consejería de Educación, me considero fotógrafo a todos los efectos pues somos lo que hacemos y yo hago fotografías, más que cualquier otra cosa. Además Hacienda y yo tenemos un contrato desde el año 75 que consiste en que yo pago y Hacienda no.