Podemos representar al tiempo como un tejido compuesto por una sucesión infinita de hilos trenzados de forma hermética. Esto se percibe claramente en la India, en donde el tejido, adornado con un fin de formas y colores, ha logrado contener (en parte) las acometidas y desgarrones de la modernidad. La afilada estructura piramidal del país, asentada sobre una extensa base de abandono y pobreza, facilita en parte, aunque no plenamente, este escenario. El empuje de las tradiciones y la variopinta convivencia sirven de freno y moderación ante los envites de lo inmediato y arbitrario. Sólo un escenario tan amplio, antiguo y pleno podría resistir el modelo único que impera en nuestro tiempo. Porque la India vive muchas veces dentro de sí misma, sin mirar hacia afuera, plantada sobre el tejido del tiempo como una vaca sagrada de mil cabezas a la que nadie puede mover. (Oscar Montes)
El Tejido
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Berna
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