Xaouen es un lugar curioso: Tiene una calle central en la Medina que es excesivamente turístico, como de mentira. Pero, si sabes alejarte de ese circuito, te encuentras con un laberinto azul, de calles empinadísimas que bulle de vida. Es extraño ver a europeos por esos callejones que son, exclusivamente, para los habitantes de Xaouen.
Este entorno, prohibido para los cristianos hasta la década de los 20 bajo pena de muerte, me recordó mucho a mi barrio de Toledo en el que nos empñábamos en jugar al fútbol a pesar del tremendo desnivel del Cristo de la Luz.
Al ver a este niño no pude evitar recordar algunos de los años más felices de mi infancia.