Acabo de regresar de un viaje relámpago por Tetouán y Xaouen. Como siempre que voy a Marruecos, he aprendido muchísimas cosas que sólo se pueden aprender viajando y hablando con la gente.
Este es Bilal, un hombre de edad indefinida, que tiene un minúsculo puesto en la Medina de Tetouán. Vende lo que sea, lo que encuentra, lo que compra más barato en uno de los puestos de la zona del Ensanche...
Pero su riqueza no está en lo que vende, sino en lo que cuenta: es un gran contador de historias en las que entremezcla realidad y fantasía en un perfecto español que aprendió cuando estuvo trabajando en Ceuta.
Más de una hora de conversación y cuentos en la que se demostró una vez más lo que los hombres podemos aprender los unos de los otros si nos olvidamos de las diferencias y las intolerancias.
Bilal también es Charlie